El zufariense que se enamoró del mar

Zuera celebra este año el 150 aniversario del nacimiento de uno de sus Hijos Predilectos, el investigador Odón de Buen. Su pasión por las Ciencias Naturales lo llevó a crear el Instituto Español de Oceanografía, defender el darwinismo y la libertad de pensamiento. Así lo han recordado sus tataranietos durante el pregón de las fiestas de San Licer.

 

Tenía solo 22 años cuando lo conoció. Era el año 1885. Lo contempló soberbio e imponente, mientras le arrancaba gemidos agudos. Lo vio también apacible, dulce y tranquilo, a la vez que enervante y sombrío. Sintió entonces un afán insaciable por conocer los secretos que ocultaba y pensó que, desde ese momento, dedicaría su vida entera a descifrarlos.

Con palabras como estas describió Odón de Buen, cinco décadas después, las sensaciones que le inundaron cuando se enfrentó por primera vez al mar abierto, a bordo de la fragata Blanca, y comprendió que se había enamorado de él. Aquella expedición para estudiar la biología marina marcó el futuro de un joven aragonés y el de la ciencia oceanográfica en España. Un siglo y medio después del nacimiento de Odón en la localidad zaragozana de Zuera, su pasión por el mar se mantiene viva en las ilusiones de su tataranieto Guillermo López Torrents.

Guillermo ha estudiado un Máster en Oceanografía en la Universidad de Cádiz y espera, algún día, hacer de la investigación marina su profesión. De momento, disfruta mirando al infinito desde la playa y observando el color de los peces cuando bucea. Y siente una envidia sana cuando su hermano Víctor rememora las aventuras de su tatarabuelo, las historias que tantas veces han escuchado en casa: “Siempre que pensamos en Odón, nos lo imaginamos a bordo de un barco, recorriendo el mundo, recogiendo especies, escribiendo con pluma…”

 

Víctor y Guillermo se asomaron al balcón del Ayuntamiento de Zuera el 25 de agosto para pronunciar el pregón de las fiestas en honor a San Licer y compartir, con cientos de zufarienses, esa admiración hacia su tatarabuelo, Hijo Predilecto de la Villa, “un verdadero amante de la libertad, un hombre de mente privilegiada cuya aportación a la ciencia es incalculable”.

 

CONTRA VIENTO Y MAREA

Odón de Buen nació en Zuera en 1863. Quizá algunos esperaban que heredase el metro y las tijeras de su padre, sastre de profesión, pero en lugar de eso eligió dejar su pueblo y perseguir su auténtica vocación. Consiguió una beca, se licenció en Ciencias Naturales con Premio Extraordinario y fue a por el Doctorado. Con solo 26 años, seducido ya por los misterios de la vida submarina, obtuvo la Cátedra de Historia Natural de la Universidad de Barcelona y comenzó a impartir clases. Escribió libros reconocidos internacionalmente y revolucionó la forma de enseñar, sacando a los alumnos del laboratorio para investigar los seres vivos en su propio entorno. “Estudiar la Historia Natural en los museos es como estudiar la literatura en los diccionarios”, dijo una vez.

Fiel a sus convicciones, a Odón le tocó muchas veces navegar con el viento en contra. Al tiempo que se hacía un hueco en política como militante de la izquierda republicana, introdujo en España las teorías de Darwin, ganándose enemigos entre la Iglesia Católica y los sectores más conservadores. Esto hizo que muchas de sus obras fueran incluidas en el Índice de Libros Prohibidos y que en 1895 se le apartara temporalmente de su cátedra. La decisión generó disturbios a las puertas de la Universidad de Barcelona, lo que obligó a cerrar las facultades durante dos meses, hasta que el Gobierno accedió a devolverle a Odón su plaza de docente.

“Los alumnos le apoyaron en todo momento y lograron que volviera. Vale la pena destacar eso porque es algo que no se hace por todo el mundo”, cuenta Guillermo. “A lo largo de todos estos años, eso es precisamente lo que más me ha marcado al investigar sobre la vida de Odón, el cariño que le tenía la gente. En ninguna parte he leído malas palabras sobre él, todo el mundo hablaba maravillas”, asegura.

 

En 1909, la jerarquía eclesiástica relacionó a Odón con lo sucedido en la Semana Trágica de Barcelona; acabó siendo excomulgado y obligado a abandonar la ciudad condal. Se trasladó entonces a la Universidad Central de Madrid, donde continuó dando clases y participando activamente en la vida política española.

 

EN AGUAS INTERNACIONALES

Polemófilo -como solía firmar Odón, siendo muy joven, en Las dominicales del librepensamiento– no cesó nunca en su afán por encontrar en el fondo del mar la llave que le abriera las puertas del conocimiento de los océanos. Después de crear laboratorios de biología marina en Mallorca y Málaga, en 1914 fundó, por fin, el Instituto Español de Oceanografía, uno de los primeros organismos del mundo dedicado íntegramente a la investigación del mar y sus recursos.

Tenía algo de visionario. Sus escritos socio-políticos sobre la relación de las mujeres con la ciencia y sus duras críticas a las deficiencias del sistema educativo hacen que Odón parezca hoy un hombre del siglo XXI al que obligaron a vivir hace cien años. Muchas de sus ideas cruzaron aguas internacionales y llegaron a buen puerto. Su preocupación por conservar el medio ambiente marino ayudó a sentar las bases de las actuales políticas de desarrollo sostenible y racionalización de los recursos pesqueros. “El mar es una fuente inagotable de alimentación sana, barata, que incesantemente se renueva; pero hace falta reglamentar sabiamente su explotación y sin la base de los estudios oceanográficos no podrá adelantarse un paso, corriendo el grave riesgo de secar la fuente en vez de aumentar su caudal”, explicó en 1919 ante la Comisión Internacional para la Exploración Científica del Mediterráneo.

Con el estallido de la Guerra Civil, desapareció cualquier calma y llegó la tempestad. Odón fue encarcelado en Mallorca hasta que, gracias a la red de relaciones internacionales que había tejido con su carrera científica, fue canjeado por otros presos y quedó en libertad. Exiliado en Francia, debió sentirse como un náufrago mientras escribía sus memorias, en las que se preguntaba qué habría sido de su casa, de sus documentos, sus cuadernos, sus libros… Probablemente nunca encontró las respuestas, ya que en 1943 echó el ancla en México y allí murió, en el exilio, dos años después.

 

MENSAJE EN UNA BOTELLA

“En las fotos de ese día no me reconozco. Estoy gordete, con esos mofletes, el pelo corto… Era un chaval. Mis padres me obligaron a ponerme camisa y corbata para llevarme a un pueblo que no conocía. Por el camino, en el coche, no entendía qué pintaba yo allí. Pero entonces llegamos, y la gente se volcó conmigo y con mi familia. Todo el mundo se interesaba, nos preguntaba. Y cuando eres tan pequeño, una experiencia tan increíble no se olvida”.

Así recuerda Guillermo su primera visita a Zuera, el día en el que los restos de Odón de Buen regresaron del exilio y fueron enterrados, con un gran homenaje, en su ciudad natal. “¡Algún día vosotros le contaréis a Zuera quién era vuestro tatarabuelo!” les prometió el portavoz del Partido Popular zufariense y actual delegado de Cultura en la Diputación de Zaragoza, José Manuel Larqué. Diez años después, la promesa se ha cumplido y los hermanos López Torrents se han encargado de que el pueblo entero reconozca la labor de Odón. “Fue el impulsor del darwinismo, el gran fundador de la oceanografía en España y, sobre todo, un zufariense más, una persona que quería a esta villa”, recuerda Víctor.

“El 150 aniversario de su nacimiento es algo importante que celebrar. Tenemos que pregonar por todas partes que Odón de Buen fue una persona ilustre que nació en Zuera y que, indudablemente, estamos orgullosos de ello”, explica el alcalde, Antonio Bolea.

 

pezEl apoyo de las instituciones en los actos de homenaje, la creación del Centro de Estudios Odón de Buen y la reciente publicación de sus Memorias son pequeños logros para quienes han dedicado tiempo y esfuerzo al reconocimiento de uno de los investigadores españoles más importantes del siglo XX. Durante mucho tiempo, gran parte de la obra de Odón permaneció oculta, como un mensaje en una botella abandonada en medio del océano. 150 años después de su nacimiento, en la Villa de Zuera y fuera de ella han demostrado tener muy presente su aportación a las Ciencias Naturales y a los ideales de libertad y progreso. El trabajo del zufariense se mantendrá vivo por muchos siglos en los centros de investigación que fundó y en los libros que escribió. Y en el Mediterráneo, seguirá nadando un pececillo anaranjado y de ojos saltones conocido como odondebuenia baleárica, una especie descubierta por un ilustre aragonés.

*Reportaje publicado en Aragón Digital el 4 de septiembre de 2013.

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