Cuatro razones para leer Abolición de la pena de muerte

con 3 comentarios

 

Abolición de la pena de muerteVivo, luego estoy en peligro de muerte. Así que en cualquier momento este texto podría quedarse a medias, y habría que cambiarle el título. Pero a esa advertencia, robada a Javier Gallego «Crudo», sumo otra mucho más grave. No tengo ni idea de poesía, y aún así voy a opinar sobre un poemario. Espero que a ninguno de mis tres lectores les importe, porque perder siquiera a uno de vosotros sería toda una tragedia. Y dicho eso, vamos al tema. ¿Por qué recomiendo Abolición de la pena de muerte?

 

 

  1. Porque trata temas universales

Quien diga que no tiene miedo a la muerte, miente un poco. La muerte provoca curiosidad, respeto, incomprensión… pero sobre todo miedo. Y aunque sigamos vivos todos la hemos experimentado en alguna de sus formas, ya sea a través de duelos y funerales, o si no al menos como una metáfora del final; el final de nuestra juventud, el final de una relación… O el final de este poema, titulado Preparación para el duelo:

volver a casa

hacer la cama

y dormir en el sofá

con la televisión encendida

 

porque no estás

porque mi cama es tuya

porque solo cuando comprenda

que estoy solo

que tú te has ido

podré empezar a sentir

la pena de muerte

 

y de estar vivo.

 

  1. Porque suena muy bien

Javier CrudoCuando digo que no entiendo de poesía, me refiero a que no suelo pillar todo el significado que los autores ponen en su texto. Y los poemas son como los chistes: si tienen que explicártelos, pierden la gracia. No creo que Abolición de la pena de muerte sea un poemario inaccesible, pero sí hay versos a los que no encuentro todo el sentido que seguramente tienen. Lo bueno es que, aun cuando no llego a lo más profundo, disfruto de lo que hay en la superficie. Porque en este libro hay música, incluso cuando no hay rimas, y las palabras provocan cierto placer, aunque hablen de dolor.

Tal vez me enganchó porque lo leí con los oídos, imaginando la voz de su autor, recitando como lo hizo en el Festival Eñe, con esas tablas de artista radiofónico. En todos los poemas está la marca personal de Javier Gallego, la misma crudeza que caracteriza su trabajo en las ondas, el mismo tono mordaz, siniestro, que sirve para alumbrar una verdad solo a través de un recorrido oscuro.

 

  1. Porque tiene su punto erótico

Puede parecer extraño, incluso frívolo, añadir sexo a la temática de este poemario. Sin embargo, la sensualidad sucia que impregna muchos de los versos deja una mancha muy sugestiva. En Cortejo fúnebre, por ejemplo, el narrador se atreve a coquetear con la mujer más temible de todas. Aquí va un fragmento:

Negra, susúrrame estridencias en la nuca,

ahoga tus jadeos en mi oído y fóllame

más fuerte que mis penas,

déjame lamer las tuyas en la boca

y acabarte los pezones con la lengua,

deja que te muerda la morfina de tus tetas

y me extinga en la anestesia de tus muslos

cuando asfixian con angustia

mi cintura.

 

  1. Porque no es pretenciosa

 Javier Gallego es un tío guay y él lo sabe, seguro, pero su poesía no suena a la de un autor que se cree importante, sino a la de un principiante que reconoce con humildad lo lejos que está de ser perfecto. En Homicidio frustrado, además de realizar un manifiesto sobre lo que para él debe servir la poesía, añade autocrítica y hace al lector partícipe de sus desvelos. Acaba así:

Los poemas no deberían curar

sino enfermarte

no deberían calmar

sino dolerte

 

Debería haber poemas que fueran

como una enfermedad terminal

Deberíamos escribir poemas

de los que no se pueda escapar

 

Todo poema debería ser una condena

 

Este poema debería matarte

 

Por eso esto no es un poema.

Es otro fracaso.

Este post terminó de escribirse al mismo tiempo que alguien moría. Así es la vida.

Pero también, a la vez, alguien volvía a nacer. Que la poesía te acompañe, Diego.

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3 Comentarios

  1. El último cowboy
    | Responder

    No dejes de escribir, si no es aquí en otro lado (aunque puestos a escribir, escribe aquí para esos ‘tres lectores’). Te ha quedado muy bien y he conocido el libro del tipo este.

    Compartido en facebook, que ya nadie lee poesía, ni trata de herir con ella.

    • Patricia
      | Responder

      Muchas gracias, me alegro de que sigas por aquí. Perderte sería una tragedia.

  2. Diego González
    | Responder

    Gracias por las dedicatorias, hay que morir para volver a nacer. La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

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